Como artista no se donde están los limites del arte, por lo tanto decido bailar con todo lo que active mi motor central para no morir congelado, y creo que de algún modo de eso trato en todas mis piezas. Pongo en cuestión que soy y a que pertenezco de forma abierta, creo en un arte de apertura real de lo interno. La idea quizás sea romántica pero si no me muevo no produzco, por lo tanto, ¿por que no crear mi propio combustible, de manera que lo que produzco sea lo que me haga producir?. Trato sin más, producir cosas que digan que somos, por tanto defiendo un tipo de arte comprensible, sensible y de perfil interrogativo.
Me encuentro en un punto en el que después de épocas de pasividad y absorción en el entorno, tomo como medida de supervivencia una posición en la cual decido exactamente que hago y como lo hago, equivocándome y acertando aleatoriamente, pero siempre manteniendo una perspectiva un tanto escéptica en cuanto el mundillo del arte ( no en cuanto al mundo del arte).
Lo curioso de todo esto es que aunque parezco muy seguro, en realidad pienso que mi discurso es equivocado, y no por que no crea en lo que digo, si no por que creo en ello, y para ser consecuente con mi propio argumento debería decir que esto es lo que quiero, pero no es lo que tengo. Creo que nadie entiende nada, pero en una suerte de prueba-error todos vamos encontrando un “camino”. El resto de las cosas del arte que no son arte en realidad son las que conforman el concepto de arte, ¿o acaso se que es lo que lleva a una persona sin motivos aparentes a construir obras de carácter feminista por ejemplo?, o que demonios, ¿que me lleva a mi estar obsesionado durante meses con “mujeles” hasta el punto de pararme a verlos cada vez que paso cerca del río, como si de una obra en construcción para un jubilado se tratase?. Maldita sea, si solo consiguiese por un momento tener algo claro…
Por lo tanto creo firmemente en la idea de crear para uno mismo, y descarto así los últimos años de endogamia artística, en la cuales hacer referencia a un estilo ya pasado hacía de la obra ( a veces sin ningún otro sentido) una obra interesante. No creo en los diálogos cerrados ni por supuesto en las lecciones aprendidas de que es arte, solo han hecho que lo odie antes de conocerlo realmente. Creo de verdad en pequeñas cosas que se cuentan cerca del oído o de pequeños destellos de pensamiento transversal cuando casi dormito, pienso hacerle caso a eso que me dice que siga con lo mio cuando el mundo dice lo contrario. Creo que la grieta que veo en el muro y la textura que la sigue pueden ser lo mas importante a seguir en un momento dado.
Que quede claro que no defiendo un ensimismamiento del artista y una regresión a realzar al artista como un semidiós. No me gusta como esta conformado el mundo a todos los niveles, por que el arte sería menos. La verdad, vuelvo a reiterar, me dan igual los niveles organizativos de la estructura arte y sí me importa que es y como se hace.
Creo que una cosa es querer actuar a la manera del estratega chino, por que es lo que nos es agradable, es un sentimiento poético de como se deben hacer las cosas en definitiva. Nos gustan esas actitudes pero somos extremadamente europeos, necesitamos del concepto “objetivo” y llegar a el para poder dormir bien. Esto lo llevo descaradamente a mi discurso, se de sobra lo que me gustaría ser, pero no puedo evitar ser yo mismo. Necesito del arte que en cada momento tire de mi, sin definirme ni encuadrarme en ningún estilo ni corriente, ya que cada vez que lo he intentado, al momento siguiente algo nuevo hacía temblar mi entusiasmo. Y es ese entusiasmo es el verdadero motor de las cosas que hago.

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